{"id":282,"date":"2010-05-05T10:39:23","date_gmt":"2010-05-05T13:39:23","guid":{"rendered":"http:\/\/qaustralweb.com.ar\/?p=282"},"modified":"2010-05-05T10:39:23","modified_gmt":"2010-05-05T13:39:23","slug":"ser-rico-la-unica-formula-util-sigue-siendo-el-esfuerzo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/qaustral.com.ar\/sitio\/ser-rico-la-unica-formula-util-sigue-siendo-el-esfuerzo\/","title":{"rendered":"Ser Rico, la \u00fanica f\u00f3rmula \u00fatil sigue siendo el esfuerzo"},"content":{"rendered":"<p><strong>Si eres de los que creen que el \u00e9xito es un don de nacimiento, un gur\u00fa explica que para ser talentoso y millonario la \u00fanica f\u00f3rmula \u00fatil sigue siendo el esfuerzo. \u00bfAcaso los ricos trabajan m\u00e1s que t\u00fa?<\/strong><\/p>\n<p>La Universidad de Michigan inaugur\u00f3 su nuevo centro inform\u00e1tico en 1971. Era un flamante edificio con muros de ladrillo beige y el cl\u00e1sico vidrio oscuro en la fachada. Las enormes computadoras de unidad central de la universidad se ergu\u00edan en medio de una enorme sala blanca. Como recordaba un miembro de la facultad: \u00abParec\u00eda una de las \u00faltimas secuencias de la pel\u00edcula 2001: Una odisea del espacio\u00bb. Para 1971, era lo \u00faltimo en tecnolog\u00eda. La Universidad de Michigan ten\u00eda uno de los programas de inform\u00e1tica m\u00e1s avanzados del mundo; y durante la vida \u00fatil del centro inform\u00e1tico, miles de estudiantes pasaron por aquella sala blanca. El m\u00e1s famoso de ellos ser\u00eda un adolescente desgarbado llamado Bill Joy.<\/p>\n<p>Joy lleg\u00f3 a la Universidad de Michigan el a\u00f1o en que se abri\u00f3 el centro inform\u00e1tico. Ten\u00eda diecis\u00e9is a\u00f1os. Era alto y muy delgado. Los de su clase de graduaci\u00f3n en el instituto le hab\u00edan votado \u00abestudiante m\u00e1s estudioso\u00bb, lo que, seg\u00fan explicaba \u00e9l, equival\u00eda a un nombramiento como \u00abmatadito vitalicio\u00bb. Pens\u00f3 que acabar\u00eda de bi\u00f3logo o matem\u00e1tico. Pero a finales de su primer curso se dio una vuelta por el centro inform\u00e1tico. Y se enganch\u00f3.<\/p>\n<p>En adelante, el centro inform\u00e1tico fue su vida. Program\u00f3 todo lo que pudo. Consigui\u00f3 un trabajo como profesor de inform\u00e1tica para seguir programando a lo largo del verano. En 1975, se matricul\u00f3 en la Universidad de Berkeley (California). All\u00ed se zambull\u00f3 a\u00fan m\u00e1s profundamente en el mundo del software. Durante la exposici\u00f3n oral de su tesis doctoral, formul\u00f3 sobre la marcha un algoritmo particularmente complicado que, como escribir\u00eda uno de sus muchos admiradores, \u00ababrum\u00f3 de tal modo a sus examinadores, que uno de ellos m\u00e1s tarde compar\u00f3 la experiencia con la de los sabios deslumbrados por la primera aparici\u00f3n p\u00fablica de Jes\u00fas en el templo\u00bb.<\/p>\n<p>Trabajando en colaboraci\u00f3n con un peque\u00f1o grupo de programadores, Joy se impuso la tarea de volver a escribir UNIX, un software desarrollado por AT&#038;T para mainframes, las antiguas computadoras de unidad central. La versi\u00f3n de Joy era muy buena. Tan buena, de hecho, que desde entonces este sistema operativo hace funcionar literalmente millones de computadoras del mundo entero.<\/p>\n<p>-Si pongo la Mac en ese modo tan gracioso que permite ver el c\u00f3digo fuente -dice Joy-, veo cosas que recuerdo haber tecleado hace veinticinco a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u00bfY qui\u00e9n escribi\u00f3 la mayor parte del software que permite acceder a internet? Bill Joy.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de licenciarse por Berkeley, Joy se fue a Silicon Valley, donde cofund\u00f3 Sun Microsystems, uno de los agentes cruciales de la revoluci\u00f3n inform\u00e1tica. All\u00ed reescribi\u00f3 otro lenguaje de programaci\u00f3n, Java, que acrecent\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s su leyenda. En Silicon Valley se habla de Bill Joy tanto como de Bill Gates en Microsoft. A veces lo llaman el Edison de internet. En palabras del inform\u00e1tico de Yale David Gelernter, \u00abBill Joy ha sido una de las personas m\u00e1s influyentes de la historia de la computaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Muchas veces se ha contado la historia del genio de Bill Joy, y la lecci\u00f3n siempre es la misma: un espejo de la m\u00e1s pura meritocracia. La programaci\u00f3n no funcionaba como una red de ni\u00f1os de pap\u00e1, donde uno medra gracias al dinero o los contactos. Era un campo abierto de par en par, en el que se juzgaba a todos los participantes \u00fanicamente por su talento y sus logros; un mundo donde se impon\u00edan los mejores, y Joy claramente era uno de ellos.<\/p>\n<p>Hace m\u00e1s de una d\u00e9cada que los psic\u00f3logos del mundo entero debaten apasionadamente sobre una cuesti\u00f3n que la mayor\u00eda de la gente considerar\u00eda zanjada hace muchos a\u00f1os. La pregunta es: \u00bfexiste el talento innato? La respuesta obvia es que s\u00ed. El \u00e9xito es talento m\u00e1s preparaci\u00f3n. El problema de este punto de vista es que, cuanto m\u00e1s miran los psic\u00f3logos las carreras de los mejor dotados, menor les parece el papel del talento innato; y mayor el que desempe\u00f1a la preparaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La prueba n\u00famero uno en el debate sobre el talento es un estudio realizado a principios de los a\u00f1os noventa por el psic\u00f3logo K. Anders Ericsson y dos de sus colegas en la elitista Academia de M\u00fasica de Berl\u00edn. Con ayuda de los profesores de la instituci\u00f3n, dividieron a los violinistas en tres grupos. En el primero estaban las estrellas, los estudiantes con potencial para convertirse en solistas de categor\u00eda mundial. En el segundo, aqu\u00e9llos juzgados simplemente \u00abbuenos\u00bb. En el tercero, los estudiantes que ten\u00edan pocas probabilidades de llegar a tocar profesionalmente y pretend\u00edan hacerse profesores de m\u00fasica en el sistema escolar p\u00fablico. Todos los violinistas respondieron a la siguiente pregunta: en el curso de toda su carrera, desde que tom\u00f3 por primera vez un viol\u00edn, \u00bfcu\u00e1ntas horas ha practicado en total?<\/p>\n<p>En los tres grupos, todo el mundo hab\u00eda empezado a tocar aproximadamente a la misma edad, alrededor de los cinco a\u00f1os. En aquella fase temprana, todos practicaban m\u00e1s o menos la misma cantidad de horas, unas dos o tres por semana. Pero cuando los estudiantes rondaban los ocho a\u00f1os, comenzaban a surgir las verdaderas diferencias. Los estudiantes que terminaban como los mejores de su clase empezaban por practicar m\u00e1s que todos los dem\u00e1s: seis horas por semana a los nueve, ocho horas por semana a los doce, diecis\u00e9is a los catorce, y as\u00ed sucesivamente, hasta que a los veinte practicaban bien por encima de las treinta horas semanales. De hecho, a los veinte a\u00f1os, los int\u00e9rpretes de \u00e9lite hab\u00edan acumulado diez mil horas de pr\u00e1ctica cada uno. En contraste, los estudiantes buenos a secas hab\u00edan sumado ocho mil horas: y los futuros profesores de m\u00fasica, poco m\u00e1s de cuatro mil.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n el psic\u00f3logo Ericsson y sus colegas compararon a pianistas aficionados con pianistas profesionales. Se repiti\u00f3 el mismo patr\u00f3n: los aficionados nunca practicaban m\u00e1s de unas tres horas por semana durante su ni\u00f1ez; y a los veinte a\u00f1os, hab\u00edan sumado dos mil horas de pr\u00e1ctica. Los profesionales, por otra parte, hab\u00edan aumentado su tiempo de pr\u00e1ctica a\u00f1o tras a\u00f1o, hasta que a los veinte, como los violinistas, hab\u00edan alcanzado las diez mil horas.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s llamativo del estudio de Ericsson es que ni \u00e9l ni sus colegas encontraron m\u00fasicos \u00abnatos\u00bb que flotaran sin esfuerzo hasta la cima practicando una fracci\u00f3n del tiempo que necesitaban sus pares. Tampoco encontraron \u00abobreros\u00bb romos a los que, trabajando m\u00e1s que nadie, lisa y llanamente les faltara el talento necesario para hacerse un lugar en la cumbre. Sus investigaciones sugieren que una vez que un m\u00fasico ha demostrado capacidad suficiente para ingresar en una academia superior de m\u00fasica, lo que distingue a un int\u00e9rprete virtuoso de otro mediocre es el esfuerzo que cada uno dedica a practicar. Y eso no es todo: los que est\u00e1n en la misma cumbre no es que trabajen un poco o bastante m\u00e1s que todos los dem\u00e1s. Trabajan mucho, mucho m\u00e1s.<\/p>\n<p>La idea de que la excelencia en la realizaci\u00f3n de una tarea compleja requiere un m\u00ednimo dado de pr\u00e1ctica, expresado como valor umbral, se abre paso una y otra vez en los estudios sobre la maestr\u00eda. De hecho, los investigadores se han decidido por lo que ellos consideran es el n\u00famero m\u00e1gico de la verdadera maestr\u00eda: diez mil horas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si eres de los que creen que el \u00e9xito es un don de nacimiento, un gur\u00fa explica que para ser talentoso y millonario la \u00fanica f\u00f3rmula \u00fatil sigue siendo el esfuerzo. \u00bfAcaso los ricos trabajan m\u00e1s que t\u00fa?<br \/>\nLa Universidad de Michigan inaugur\u00f3 su nuevo centro inform\u00e1tico en 1971. Era un flamante edificio con muros de ladrillo beige y el cl\u00e1sico vidrio oscuro en la fachada. 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