{"id":285,"date":"2010-05-06T10:42:33","date_gmt":"2010-05-06T13:42:33","guid":{"rendered":"http:\/\/qaustralweb.com.ar\/?p=285"},"modified":"2010-05-06T10:42:33","modified_gmt":"2010-05-06T13:42:33","slug":"ser-rico-la-unica-formula-util-sigue-siendo-el-esfuerzo-parteii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/qaustral.com.ar\/sitio\/ser-rico-la-unica-formula-util-sigue-siendo-el-esfuerzo-parteii\/","title":{"rendered":"Ser Rico, la \u00fanica f\u00f3rmula \u00fatil sigue siendo el esfuerzo (parteII)"},"content":{"rendered":"<p>La imagen que surge de tales estudios es que se requieren diez mil horas de pr\u00e1ctica para alcanzar el nivel de dominio propio de un experto de categor\u00eda mundial, en el campo que fuere -escribe el neur\u00f3logo Daniel Levitin-. Estudio tras estudio, tr\u00e1tese de compositores, jugadores de baloncesto, escritores de ficci\u00f3n, patinadores sobre hielo, concertistas de piano, jugadores de ajedrez, delincuentes de altos vuelos o de lo que sea, este n\u00famero se repite una y otra vez. Desde luego, esto no explica por qu\u00e9 algunas personas aprovechan mejor sus sesiones pr\u00e1cticas que otras. Pero nadie ha encontrado a\u00fan un caso en el que se lograra verdadera maestr\u00eda de categor\u00eda mundial en menos tiempo. Parece que el cerebro necesita todo ese tiempo para asimilar cuanto necesita conocer para alcanzar un dominio verdadero.<\/p>\n<p>Esto se cumple hasta con los casos emblem\u00e1ticos de prodigio. Mozart, como es bien sabido, empez\u00f3 a escribir m\u00fasica a los seis a\u00f1os. Pero, seg\u00fan escribe el psic\u00f3logo Michael Howe en su libro Fragmentos de genio:<\/p>\n<p>Conforme a los par\u00e1metros de los compositores maduros, las primeras obras de Mozart no son excepcionales. Las piezas m\u00e1s tempranas probablemente las escribi\u00f3 su padre, quiz\u00e1 introduciendo mejoras en el proceso. Muchas de las composiciones de ni\u00f1ez de Wolfgang, como los primeros siete de sus conciertos para piano y orquesta, son en gran parte arreglos de obras debidas a otros compositores. Entre aquellos conciertos que s\u00f3lo contienen m\u00fasica original de Mozart, el m\u00e1s temprano de los que hoy est\u00e1n considerados obras maestras (el N\u00b0 9, K. 271) no lo compuso hasta los veintiuno. Para entonces, Mozart ya llevaba diez a\u00f1os componiendo conciertos.<\/p>\n<p>El cr\u00edtico de m\u00fasica Harold Schonberg va m\u00e1s lejos: Mozart, asegura \u00e9l, en realidad \u00abse desarroll\u00f3 tard\u00edamente\u00bb, puesto que no produjo sus mejores obras hasta que llevaba m\u00e1s de veinte a\u00f1os componiendo.<\/p>\n<p>Otra cosa interesante sobre las dichosas diez mil horas, desde luego, es que las dichosas diez mil horas son una enorme cantidad de tiempo. Es casi imposible alcanzar esa cifra por uno mismo cuando se es un adulto joven. Hay que tener padres que le animen y apoyen a uno. No se puede ser pobre, porque si uno tiene que atender un trabajo de jornada reducida aparte para llegar a fin de mes, no le quedar\u00e1 tiempo suficiente para practicar durante el d\u00eda. De hecho, la mayor\u00eda de la gente s\u00f3lo puede alcanzar esa cifra formando parte de alguna especie de programa especial o accediendo a alguna especie de oportunidad extraordinaria que les d\u00e9 una posibilidad de invertir tantas horas en una misma cosa.<\/p>\n<p>As\u00ed le pas\u00f3 a Bill Joy en 1971. Volvamos a este muchacho alto y desgarbado de diecis\u00e9is a\u00f1os. Una lumbrera de las matem\u00e1ticas. Cuando lleg\u00f3 el momento de matricularse en la universidad, Joy obtuvo una nota perfecta en la secci\u00f3n de matem\u00e1ticas del examen de ingreso. Ten\u00eda much\u00edsimo talento. Pero \u00e9sta no es la \u00fanica consideraci\u00f3n. Nunca lo es. La clave de su desarrollo es que un buen d\u00eda tropez\u00f3 con aquel indescriptible edificio del centro inform\u00e1tico.<\/p>\n<p>A principios de los a\u00f1os setenta, cuando Joy aprend\u00eda inform\u00e1tica, las computadoras eran del tama\u00f1o de una sala. Una m\u00e1quina sola (tal vez con menos potencia y memoria que su actual horno microondas) podr\u00eda costar m\u00e1s de un mill\u00f3n de d\u00f3lares de 1970. Las computadoras eran algo ins\u00f3lito. Caso de dar con una, lo dif\u00edcil era conseguir acceso a ella; pero aun cuando se lograra acceder a una, su alquiler por horas costaba una fortuna.<\/p>\n<p>Michigan fue una de las primeras universidades del mundo que efectuaron el cambio al r\u00e9gimen de tiempo compartido [lo que permit\u00eda a m\u00e1s personas a la vez acceder a las m\u00e1quinas y programa]. Hacia 1967, ya estaba en marcha un prototipo de este sistema. \u00c9sta fue la oportunidad que acogi\u00f3 a Bill Joy. Joy no hab\u00eda escogido Michigan por sus computadoras. Tampoco hab\u00eda hecho nunca nada con computadoras en el instituto. S\u00ed le interesaban las matem\u00e1ticas y la ingenier\u00eda. Pero cuando le pic\u00f3 el gusanillo de la programaci\u00f3n en su primer a\u00f1o de estudiante universitario, se encontraba -gracias a la m\u00e1s feliz de las coincidencias- en uno de los pocos lugares del mundo donde un chico de diecisiete a\u00f1os pod\u00eda programar cuanto quisiera.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 diferencia hay entre las tarjetas perforadas [como se programaba antes de Joy] y el tiempo compartido? -comenta Joy-. Pues la misma que hay entre jugar al ajedrez por correo y echar una partida r\u00e1pida. De repente, programar dej\u00f3 de ser un ejercicio frustrante, para convertirse en algo divertido.<\/p>\n<p>Hay que ver el torrente de oportunidades que se le presentaron a Bill Joy: primero tuvo la suerte de elegir una instituci\u00f3n tan clarividente como la Universidad de Michigan, con lo que pudo beneficiarse de un sistema de tiempo compartido en vez de tirar de tarjetas perforadas; y como result\u00f3 que el sistema de Michigan ten\u00eda algunas rendijas, pudo programar todo lo que quiso. Quer\u00eda aprender. Todo esto forma gran parte del \u00e9xito. Pero antes de poder convertirse en experto, alguien tuvo que darle la oportunidad de aprender a ser un experto.<\/p>\n<p>-Si en Michigan programaba unas ocho o diez horas al d\u00eda -contin\u00faa Joy-, cuando llegu\u00e9 a Berkeley empec\u00e9 a trabajar de d\u00eda y de noche. Para mi segundo a\u00f1o all\u00ed, se puede decir que era un experto. Entonces fue cuando escrib\u00ed programas que todav\u00eda se usan hoy, treinta a\u00f1os m\u00e1s tarde -se detuvo un momento para hacer c\u00e1lculo mental, lo que para alguien como \u00e9l no lleva mucho tiempo: Michigan en 1971; programaci\u00f3n en serio desde el segundo curso; los veranos, m\u00e1s los d\u00edas y las noches de su primer a\u00f1o en Berkeley-. Salen&#8230; creo que son \u00bfdiez mil horas? Por ah\u00ed andar\u00e1.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La imagen que surge de tales estudios es que se requieren diez mil horas de pr\u00e1ctica para alcanzar el nivel de dominio propio de un experto de categor\u00eda mundial, en el campo que fuere -escribe el neur\u00f3logo Daniel Levitin-. Estudio tras estudio, tr\u00e1tese de compositores, jugadores de baloncesto, escritores de ficci\u00f3n, patinadores sobre hielo, concertistas de piano, jugadores de ajedrez, delincuentes de altos vuelos o de lo que sea, este n\u00famero se repite una y otra vez. Desde luego, esto &#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[60],"tags":[148,149,150],"class_list":["post-285","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general","tag-esfuerzo","tag-rico","tag-sun"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/qaustral.com.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/285","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/qaustral.com.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/qaustral.com.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/qaustral.com.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/qaustral.com.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=285"}],"version-history":[{"count":0,"href":"http:\/\/qaustral.com.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/285\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/qaustral.com.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=285"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/qaustral.com.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=285"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/qaustral.com.ar\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=285"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}